cascade du Gour bleu

EL PODER DEL PENSAMIENTO

 

 

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Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con ellos hacemos nuestro mundo.

Buda

 

Todos pensamos; no podemos estar “sin pensar”. Estos pensamientos viajan a una velocidad que no se puede calcular, se difunden en todas las direcciones y producen en los demás pensamientos similares a ellos.

El mundo actual es el resultado de todos los pensamientos pasados y presentes de la humanidad.

A nivel personal, nuestra forma de actuar, nuestras circunstancias, el tipo de personas que nos rodean, nuestros éxitos o fracasos dependen de nuestros pensamientos.

Las células de nuestro cuerpo cumplen su misión, que es la de mantenernos con  salud, en conexión con nuestra mente y nuestro cerebro. Captan nuestros pensamientos y son sensibles a nuestros estados mentales. Los pensamientos de paz y armonía las hacen funcionar perfectamente mientras los negativos las perturban. Nuestra salud depende de nuestra manera de pensar.

Cada uno de nosotros tiene un poder absoluto sobre sus pensamientos y posiblemente no lo utilicemos tanto, porque no somos conscientes de esta gran fuerza de la que disponemos.

Un flujo de pensamientos dispersos que depende del ambiente que nos rodea, de la influencia de los demás y de las informaciones, más bien negativas, que recibimos de los medios, nos mantiene separados de este poder que todos tenemos.

Nosotros, y solo nosotros decidimos si queremos tomar el control de nuestros pensamientos y de nuestras vidas . No olvidemos que en lo que pensamos nos convertimos…. El poder del pensamiento es nuestra herramienta de transformación…

 

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ACEPTAR NUESTRAS CIRCUNSTANCIAS NO ES RESIGNARSE

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 La felicidad solo puede existir en la aceptación“.

  (Denis de Rougamont)

Una de las causas más frecuentes de sufrimiento del ser humano es la insatisfacción es decir el deseo de que las cosas sean distintas de lo que son.

Al encontrarnos ante situaciones que no nos gustan, solemos lamentarnos y mirar hacia atrás o buscar culpables. También en nuestras relaciones personales, rechazamos a menudo a las personas que nos rodean por su forma de ser y las criticamos.

Si nos instalamos en la queja, caeremos en un estado de amargura y de resignación crónicas o nos pasaremos la vida esperando que algo cambie.

Aceptar una situación es lo contrario de resignarse a ella. Es tomar conciencia de la realidad y tomarla como punto de partida de un camino nuevo. La mayoría de las veces, la realidad no es tan dura como nos la representamos y lo que nos hace sufrir es lo que pensamos de ella.

Cuando aceptemos nuestras circunstancias no deseadas como episodios de nuestras vidas, seremos capaces de valorarlas y de ver cómo podemos sacar partido de lo que nos ofrecen para mejorar nuestras vidas.
Considerar las cosas que nos tocan vivir como un reto y un aprendizaje nos ayudará es único el medio de recuperar la alegría de vivir.