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CONSEGUIR LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

 

 

El éxito consiste en vencer el temor al fracaso.

Charles Augustin Sainte-Beuve

 

 

Con el año nuevo, llegan los buenos propósitos. Queremos cambiar muchas casas, emprender nuevas actividades, llevar a cabo este proyecto que tanto nos gusta…

A principio, la motivación es grande, pero a menudo, después de un tiempo, abandonamos…

La razón por la que no se logra cumplir los propósitos es que todos requieren un cambio de hábitos. Desde nuestra zona de confort, este estado mental dónde nuestras costumbres nos hacen sentir cómodos, todo cambio es un riesgo que nos crea incertidumbre, nos asusta y no hace sentir que perdemos el control de nuestras vidas.

En nuestras zonas de confort, tenemos establecido, a menudo sin razón y sin ser conscientes de ello, nuestras capacidades y limitaciones, en función de nuestras experiencias pasadas y eso no nos permite salir de la pauta que hemos fijado.

Para conseguir nuestros objetivos, tenemos que ampliar nuestra zona de confort, enfrentándonos a estos miedos y venciéndolos… actuando y llevando nuestros propósitos de uno en uno.

La mejor ayuda es “engañar” a la mente, haciéndole creer que ya hemos completado la nueva acción. Esto se hace utilizando técnicas de  visualización. El cerebro no hace diferencia entre lo real y lo imaginado y considera las dos cosas como experiencia verdadera.

Al imaginar con todo detalle la acción “ya realizada” con éxito, esta quedará registrada en nuestra zona de confort como conocida y se integrará en las actividades que somos capaces de desarrollar con facilidad.

La repetición diaria de estas visualizaciones es la clave del éxito.

 

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NO LO DEJES PARA MAÑANA…

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Te levantas por la mañana, dispuesto a efectuar varias tareas que consideras importantes y por la noche cuando te acuestas te das cuenta que más de la mitad de ellas están sin hacer… o has empezado una nueva actividad y al cabo de unos días, la abandonas… o también dejas siempre para más adelante el cumplimiento de un propósito…

Eso pasa porque no es fácil salir de la “zona de confort”, de lo conocido. El miedo al cambio es lo que paraliza, aunque sea un cambio a mejor. El temor a no estar preparado, a fracasar, a enfrentarse a la posible desaprobación de los demás, tiene como resultado la inercia y la permanencia en una situación que no aporta satisfacción.

Cada vez que se pospone una actividad que puede llevar a la meta, esta parece más lejana y difícil de alcanzar y se va gastando energía en ocupaciones que pueden parecer más agradables pero que no aportan nada.
El resultado de esta inacción es un estado de estrés y de frustración.

A casi todos nos ha pasado esto alguna vez pero esta situación puede cambiar si así lo decidimos. Si quieres ponerte en marcha, tienes que tomar la decisión de hacerlo.

Pregúntate lo que es importante para ti y tenlo en mente todos los días. Define tu objetivo con todo detalle, imagina como será tu vida cuando lo tengas y ve a por ello. Establece qué acciones tienes que emprender para conseguir tu meta y empieza con las más fáciles. Cada día, da un paso que te acerque a tus objetivos y así, día a día iras sumando pequeños éxitos que reforzarán tu motivación y tu confianza en ti-mismo.

¡Tú, estás al mando de tu vida! ¡Tienes un potencial muy grande, actúa ya, no lo dejes para mañana!